El acúmulo de tejido graso se produce como consecuencia de un desequilibrio de la ecuación de balance energético, según la cual el ingreso de energía en forma de calorías equivale al gasto representado por metabolismo basal (el consumo de calorías del organismo en condiciones de reposo), termogénesis (producción de calor) y consumo calórico derivado de la actividad física.
Cuando se produce un aumento del ingreso (alimentación) o una disminución del gasto energético, el ahorro energético resultante se acumula en forma de tejido adiposo. En la gran mayoría de casos la obesidad se produce por un aumento de la ingesta calórica, con frecuencia asociada a una actividad sedentaria. Actuando conjuntamente con los factores ya descritos anteriormente.
Es frecuente que circunstancias que induzcan ansiedad se acompañen de aumento de actitud compulsiva alimentaria que favorece el sobrepeso. El abandono del hábito tabáquico cursa con aumento de peso con frecuencia, aunque este fenómeno no es necesariamente inevitable.
No obstante, cabe resaltar, que actualmente podemos utilizar el término obesidad secundaria, es decir, este mal es producido, por otras patologías que favorecen a este acúmulo anormal de tejido adiposo en el organismo, principalmente tenemos al Síndrome de Cushing, el cual es una enfermedad caracterizada por una excesiva producción de cortisol, en donde el cuerpo sufre una serie de cambios que lleva a una acumulación anormal de grasa; Hipotiroidismo, entre otras.
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